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A 14 kilómetros de Huesca hay una pequeña población, con tan sólo 5 casas abiertas en invierno y unas pocas más en verano, que guarda un tesoro en su cementerio. Se trata de Barluenga y su pequeña Ermita de San Miguel, ubicada en el centro del camposanto de la localidad.

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Y, si bien, tal y como se ve en la fotografía, esta Ermita del siglo XIII, de planta rectangular y tejado a dos aguas, no puede ser más sencilla, al entrar en su interior nos encontraremos con esto:

El cementerio de Barluenga, junto al casco urbano, todavía permite enterramientos, si bien sólo en sepultura de tierra, actualmente está prohibido levantar estructuras para albergar nichos en vertical. La ermita la mandó levantar el Señor de la población, sobre tierra que ya había servido para enterramientos. En el muro de piedra natural junto a la tapia Sur de este camposanto, hay dos nichos atropomórficos horadados en la roca, de pequeño tamaño (hay que tener en cuenta que, en el medioveo, en estas tumbas sólo se enterraban los huesos).

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El perímetro de la Ermita, excepto el de la puerta de entrada a la misma, al Sur, estaba semienterado en tierra hasta aproximadamente 1 metro de altura, pues bajo ésta, también se inhumaban cadáveres, sirviendo las piedras de la construcción de la ermita de “lápidas” dónde se hacía constar los nombres de los finados.

Volviendo al interior de la Ermita que, como en ocurre con el cercano Panteón de San Miguel de Foces, está advocado al Arcángel San Miguel y donde también se conservan bellísimas pinturas de estilo gótico lineal. En el caso de San Miguel de Barluenga, en la zona del presbiterio (el espacio en torno al altar mayor de una iglesia o templo).

Y en estas pinturas se nos narran muchas historias, destacando la representación del Juicio Final: la resurrección de los muertos, el Paraíso y el Infierno, ángeles psicopompos que conducen a las almas al lugar que les corresponde,…

No debemos olvidar que San Miguel Arcángel, es el que presenta al hombre ante Dios en el momento de la muerte, y el que pesa su alma, por ello se le suele representar con una balanza, aunque más frecuente y como en esta Ermita, se encarna como el encargado de derrotar a Lucifer, por su condición de arcángel, aparece con alas como descendiendo del cielo o en una posición superior con respecto al demonio, a quien derrota en combate y humilla pisoteándole (las alas constituyen el principal atributo, propio de los arcángeles, que distingue a San Miguel respecto de otros soldados cristianos como San Jorge).

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Aquí vemos el muro tras el altar, con San Miguel Arcángel a la izquierda, lanceando al demonio (un monstruo de 5 cabezas), el Pantocrator a la derecha, rodeado de los tetramorfos, arriba sobre la ventana un crismón y debajo de la ventana un Serafín, representado con 3 alas (simbolizan 3 pares de alas, 6 alas) con ojos:

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En el muro Sur del presbiterio, las pinturas nos narran la leyenda del Monte Gárgano, en Italia: había un pastor, también de nombre Gárgano, dueño de varios rebaños de ovejas así como de algunos toros y bueyes, uno de los cuales se perdió un día. Al volver con sus animales a casa y darse cuenta de que faltaba un toro, acompañado por varios criados recorrió todo el territorio en su busca. Lo encontró en la entrada de una cueva, en la cumbre del monte e, iracundo contra el animal, le disparó una flecha envenenada que, al cambiar la dirección del viento, se dirigió hacia él, clavándosele en la cabeza. Cuando se preguntó al obispo de Siponto (en la región italiana de Apulia) sobre el significado de este suceso, el prelado ordenó tres días de ayuno y rogativas, durante los cuales se le apareció el arcángel San Miguel, quién le dijo de que él era el protector de aquella cueva y quién desvió la flecha, como custodio de aquel lugar. Finalmente, tanto el obispo como los habitantes de la ciudad acudieron en peregrinación hasta la cima, postrándose al llegar a la cueva en señal de respeto hacia san Miguel.

En la pared frontal, la orientada al Norte, lo que se representa (sólo se conserva con nitidez la franja superior del fresco de este muro) es a San Cristóbal ante el Rey de Licia. San Cristóbal, significa el “portador de Cristo”, pero además es el abogado contra la muerte súbita o la “mala muerte”, algo muy temido en la Edad Media. A la izquierda, tras el rey (la figura entronizada, con corona y espada), está el demonio inspirando las acusaciones contra San Cristóbal, mientras éste con aureola de santidad, el dedo en alto y actitud discursiva defiende su fe. A la izquierda, se representa a una figura arrodillada y adorando un ídolo de un templo pagano frente al santo (al Santo se lo identifica por la inscripción XFORUS: una cruz representando el nombre de Cristo, y los signos “FOR”-“US” equivalentes a “Cristophorus”; esto es: San Cristobal). Para la mayoría de los autores esta sería una escena de exorcismo sobre la joven, aunque también podría ser que aluda al episodio de Aquilina, la prostituta enviada por el rey junto a su hermana Nicea para seducir al santo, ya convertida al cristianismo por éste, acude al templo pagano y simula adorar a un ídolo para después atarle su cíngulo alrededor y derribarlo, como símbolo de su conversión.

Este verano, las visitas a este Cementerio de Barluenga son gratuitas, todos los días, excepto los lunes, de 4 a 6 de la tarde, hay una guía esperando en el recinto para que, el que lo desee, pueda escuchar con más detalle y en directo lo que aquí he esbozado.

Dejo la ficha del monumento a continuación:

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Nosotros estuvimos este sábado y, aprovechando la cercanía también nos dimos un paseo por la presa de Vadiello:

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Que después de estar en el mundo de los muertos, hay que revivirse un poco, y en Vadiello sale la vida hasta de las rocas: