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Hace unos años exhibieron los Pasos de Semana Santa oscenses en el Palacio de Congresos de Huesca, en una exposición a la que asistí con mi madre y una amiga suya, y donde ellas tuvieron la ocasión de volver a ver a “El Ángel de la Muerte”, cuya imagen ilustra la cabecera de este post (gracias a las fotografías de Jorge Sesé que se pueden ver en flickr). Chonín, la amiga de mi madre, me puso al corriente sobre el terror que les producía a los vecinos oscenses este paso, pavor que condujo a su retirada definitiva de las procesiones en 1944.

El Ángel de la Muerte había salido con normalidad todos los años desde 1865, en Viernes Santo, cuando se representa el Santo Entierro, y desfilan los pasos en una recreación de la Pasión de Cristo. Hasta que en la primera Semana Santa de la década de los 40 del pasado siglo, los portadores que lo llevaban descansaron a la altura de una casa del Coso oscense. Esa misma noche, se puso enfermo uno de los habitantes de esa vivienda (que era llamado con el mote de la casa, “El Pequeñín”), que falleció a los pocos días.

A la procesión del Viernes Santo del año siguiente, los costaleros del Ángel de la Muerte, pararon a tomar resuello a la altura de otro edificio distinto, con la terrible casualidad de que a las pocas semanas se produjo la defunción de otro de los moradores de la casa frente a la que los cofrades habían descansado.

Al año siguiente, a los cofrades que portaban el Ángel de la Muerte, ya no se les permitió descanso alguno, pues en cuanto hacían ademán de parar, la gente asistente a la procesión gritaba horrorizada, e incluso corría en pánico, a fin de evitar lo que creían iba a ser un signo de mal fario y huyendo despavorida de que “El Ángel de la Muerte” los señalara. Aún salió un año más, en el que se repitieron las escenas de caos, de estampidas, y de terror, visto lo cual, las autoridades eclesiásticas decidieron retirar la imagen definitivamente de las procesiones.

pecado

Curiosamente, en Zaragoza ocurrió algo parecido con el paso llamado del “Pecado y Redención”, que procesionaba al inicio del Santo Entierro, y a la que los maños comenzaron a llamar “El Paso de la Muerte”, o también “El Carretón de la Muerte”, pues a la altura del edificio donde paraba el paso, antes de la próxima Semana Santa, moriría un vecino si era una vivienda o algún cargo público si era un edificio institucional.

También se acabó por retirar el paso de cualquier procesión, almacenándolo en el llamado “Garaje Solano”, de propiedad de la Hermandad de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Quedó allí a salvaguarda hasta que en 1980 se hundió el techo del Garaje Solano. Casi todos los pasos se repararon ya que habían sido parcialmente afectados, sin embargo el paso de “El Pecado y la Redención” quedó destruido al haberle caído encima la mayor parte del techo. Esa es la version oficial… aunque hay gente que dice que ha visto el paso a lo largo de los años en varios sitios ( tras el coro de la Iglesia de San Cayetano, en el nuevo almacén de pasos, etc).

En Ateca, también tienen su Ángel de la Muerte, y si bien no causa tanto pánico como el que ocasionaron los de Huesca y Zaragoza, se dice que data del siglo XVII, y que el esqueleto que posa al lado del globo terráqueo es totalmente humano, es un esqueleto desnudo, formado de huesos (¿humanos?) engarzados con alambres.

Ya que estamos con pasos de Semana Santa, y a fin de aligerar un poco el denso ambiente creado en los párrafos anteriores, no puedo resistirme a repetir aquí una anécdota que siempre cuenta mi madre sobre los pasos de Barbastro: en la segunda mitad del siglo pasado (lo siento, no puedo precisar si en los 60 ó 70), encargaron restaurar algunos pasos barbastrenses a un taller de Barcelona, y la unión de cofradías pensó que el mejor medio de transportar unas esculturas tan frágiles, en un viaje largo, era el tren. Así que las “embarcaron” hasta Monzón (en Barbastro, no hay vía de tren) y allí subieron los pasos a un vagón de mercancías; todos menos el Cristo Resucitado, para el que adquirieron un billete de pasajeros de primera clase…

¡Felices vacaciones (para los que las tengáis).!